miércoles, 19 de junio de 2013

Limnetica. Asociación Ibérica de Limnología.

Ya se puede descargar el último número de la revista científica Limnetica, de la Asociación Ibérica de Limnología:

http://www.limnetica.com/fulltext/Limnetica_32v1_2013.pdf

PLANTAS CON TAMAÑO MENGUANTE, ¿UN EFECTO DEL CALENTAMIENTO GLOBAL?

noticiasdelaciencia.com
Diversas especies vegetales han experimentado una reducción en su tamaño típico durante los últimos cien años, en la Gran Cuenca de Nevada, en Estados Unidos, y el calentamiento global podría ser el culpable, según un nuevo estudio efectuado por el equipo de Beth Leger, ecóloga vegetal de la Universidad de Nevada en Reno.

Beth Leger muestra especímenes utilizados en su investigación. (Foto: Mike Wolterbeek, Universidad de Nevada en Reno)

Ella y sus colaboradores utilizaron la gran colección de plantas en el herbario de la citada universidad para comprobar cómo las plantas han reaccionado ante el cambio climático durante el siglo XX. Y lo que han encontrado es que el tamaño de las plantas se está reduciendo con el paso del tiempo, un fenómeno observado también en los vertebrados, pero que apenas ha sido investigado en los vegetales. El fenómeno constatado en este nuevo estudio probablemente tendrá repercusiones para la productividad agrícola.
El equipo de investigación tuvo en cuenta los mínimos y máximos de la temperatura del aire, las temperaturas de la superficie marítima y el inicio de las precipitaciones en el año en que cada muestra de vegetal fue recolectada.
Leger y cuatro colaboradores examinaron, midieron y analizaron más de 1.900 muestras de especies, preservadas en láminas del herbario y recolectadas entre 1893 y 2011, a fin de determinar si el clima afecta la altura de la planta, el tamaño de las hojas y el número de flores, y si el cambio climático produce una reducción del tamaño en siete especies de plantas anuales con flores.
Mientras que una especie aumentó en tamaño y en número de flores durante el período de observación, cinco de las siete especies disminuyeron en altura de la planta, cuatro de ellas mostraron una disminución en el tamaño de la hoja, y una redujo su producción de flores. La otra especie no mostró cambios.
De las numerosas especies disponibles, Leger y sus colaboradores eligieron siete cuyos registros y muestras se remontan hasta
finales del siglo XIX.

Jesús Jiménez.

miércoles, 3 de abril de 2013

La importancia de los insectos en la polinización, incluídas las abejas.

El despoblamiento de las colmenas, una enfermedad que elimina a la mayor parte de una colonia de abejas, lleva una década angustiando a los apicultores de toda Europa y la mitad de Estados Unidos, y no han sido pocas las investigaciones sobre los parásitos, virus, bacterias y condiciones ambientales que lastiman a estos insectos domésticos. Los últimos datos, sin embargo, indican que esos trabajos han errado el tiro. No porque estén mal hechos, sino porque el problema realmente grave está en otro sitio: en los insectos polinizadores silvestres, que son los responsables de gestionar de la mayor parte de los cultivos esenciales para la alimentación mundial. Y que lo están pasando todavía peor que sus camaradas domesticadas.

Un consorcio internacional coordinado por Lucas Garibaldi, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en San Carlos de Bariloche, Argentina, ha revelado en una investigación masiva sobre 41 de las principales plantas de cultivo en los cinco continentes que no son las abejas de colmena, sino los insectos silvestres –muchos de ellos también abejas— los que polinizan esos cultivos con mayor eficacia.

El trabajo de los polinizadores silvestres produce el doble de fruta (o frutos, más en general) que el de sus colegas asalariadas. Esta es la mejor forma de medir el rendimiento de estos insectos: el fruto es el resultado directo de la polinización de una flor; y las semillas son el indirecto.

La principal conclusión del macroestudio es que, pese a que las colmenas de los apicultores pueden ayudar en la tarea de polinizar los cultivos, curarlas de sus enfermedades puede ser un empeño demasiado costoso. Aunque tuviera un éxito del 100% --y en la actualidad nos aproximamos más al otro extremo de la escala—, la apicultura no podrá nunca cubrir la baja de los polinizadores de campo abierto, si esta llegara a producirse. Y lo peor es que ya da signos.

“La supervivencia humana depende de muchos procesos naturales, o servicios de los ecosistemas, que no suelen contabilizarse en los estudios de mercado”, escriben Garibaldi y sus colegas en Science. “La degradación global de esos ‘servicios’ empobrece la capacidad de la agricultura para satisfacer la demanda de una población humana cada vez más numerosa y con más recursos”. La polinización por los insectos silvestres es un paradigma entre esos servicios ecosistémicos, y uno de los más vulnerables, según los científicos del consorcio. No solo la abundancia, sino también la diversidad de estos trabajadores ‘espontáneos’, está declinando en todos tipo de campos de cultivo.

Otra investigación de Laura Burkle y sus colegas de las universidades de Washington, Montana e Illinois, también presentado hoy en Science, muestra un buen ejemplo de los procesos implicados en ese empobrecimiento general. Los investigadores han aprovechado los registros históricos sobre interacciones planta-polinizador particularmente detallados del estado de Illinois, que se remontan a finales del siglo XIX. Y muestran que el ‘servicio’ de polinización silvestre no ha hecho más que declinar desde entonces, tanto en cantidad como en calidad.

La principal razón de esta pérdida, concluyen los autores, es la desaparición, o erradicación, de la mitad de las especies de abejas silvestres que campaban por la zona en el siglo XIX, y tal vez desde hace 10.000 años. Otro factor es el cambio climático, que ha desfasado la temporada de floración con las fechas de máxima actividad de las abejas. Pero este es justo uno de los inconvenientes que podrían evitarse si las especies de abejas fueran más diversas. La variedad garantiza que haya al menos una especie para cada temporada. O para cada nuevo imprevisto causado por la inventiva humana.
Fuente: elpais.com
Jesús Jiménez.

sábado, 23 de febrero de 2013

¿LOS ANIMALES CRIADOS POR HUMANOS SE VUELVEN MÁS INTELIGENTES QUE LOS SALVAJES?


noticiasdelaciencia.com

Es difícil definir la inteligencia, pero en lo que se refiere a la forma humana de entenderla, parece que algunos animales, si son criados en un entorno humano, tienden a obtener mejores resultados a la hora de resolver ciertos problemas.
Históricamente, para comprobar el grado de habilidad de los animales para resolver nuevos problemas, se han utilizado animales en cautiverio. Sólo recientemente se ha hecho un cambio de estrategia en la comunidad científica al ejecutar estas pruebas en animales dentro de su hábitat natural. En un nuevo estudio, se ha descubierto que hay diferencias notables en la habilidad para solucionar ciertos problemas entre las hienas manchadas cautivas y las salvajes.
Aplicar a toda una especie las lecciones aprendidas de la conducta de animales cautivos es potencialmente problemático porque esos individuos en cautiverio pueden no retratar con precisión cómo responden los animales salvajes a los nuevos desafíos, tal como razona Sarah Benson-Amram, del equipo de investigación y zoóloga de la Universidad Estatal de Michigan (quien ahora está en la Universidad de St. Andrews en Escocia).
Hay que tener cuidado al interpretar los resultados obtenidos de los animales cautivos porque puede que haya diferencias considerables entre cómo se comportan los animales en cautiverio y cómo lo hacen en libertad. Un animal que, bien alimentado y cuidado en su espacio de un laboratorio, resuelve con éxito ciertos problemas para los que se necesita destreza mental, quizá no lo habría conseguido si hubiera estado sometido a las duras condiciones de la vida salvaje, o lo que es más, quizá ni siquiera habría intentado resolver el problema o uno similar, dándose por vencido antes de tiempo, y escogiendo dedicar su tiempo y esfuerzos a otros asuntos de los que puede ocuparse en su vida en libertad pero no cuando está cautivo.
El equipo de Benson-Amram presentó a hienas manchadas, tanto salvajes como cautivas, un mismo problema que era nuevo para todas ellas: una jaula de acero que contenía carne, siendo necesario abrirla para poder apoderarse de la comida.
Estos experimentos demostraron que las hienas cautivas estaban mucho mejor preparadas para abrir la jaula y obtener el alimento encerrado en ella, que sus congéneres salvajes. Las hienas cautivas también le tenían menos miedo a la jaula que custodiaba la carne (probablemente por estar acostumbradas a los objetos y construcciones de fabricación humana), y fueron también más creativas que las salvajes, al probar muchas más tácticas distintas para abrir la jaula de la carne.
No parece, sin embargo, que estas diferencias sean el resultado de que las hienas cautivas tengan más tiempo o energía.
En la investigación, también han participado la zoóloga Kay Holekamp de la Universidad Estatal de Michigan, y Mary Weldele de la Universidad de California en Berkeley.

sábado, 12 de enero de 2013

En cuestión de plagas forestales, no todo es el clima


Las repoblaciones forestales fueron una actividad predominante en nuestros montes durante la segunda mitad del siglo XX, con objetivos económicos, como producir madera, o ambientales, para prevenir riadas, proteger suelo, y regular los ciclos hidrológicos. Muchos de los pinares que se plantaron entonces no tienen hoy en día interés comercial directo, pero siguen realizando estos servicios al ecosistema de muy dificil valoración económica, ya que su efecto es sobre todo preventivo. Sin embargo, el mantenimiento de estos pinares requiere de importantes cantidades de dinero para controlar las plagas forestales que, por otro lado, cada vez son más frecuentes. Es fácil apuntar al cambio climático como responsable del aumento de la vulnerabilidad de nuestros bosques al ataque de plagas, pero ¿es toda la culpa del cambio climático?

El aumento de temperatura predicho, favorecerá el crecimiento y expansión de muchas plagas. La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es una especie que, por su ciclo de vida, es un buen ejemplo para estudiar los efectos del cambio climático. Las larvas se desarrollan durante el invierno, y ascienden a la copa de los árboles, donde se construyen sus casas (bolsones) y se alimentan de las acículas hasta el principio de primavera, cuando forman las conocidas procesiones para enterrarse y pupar. De allí salen en verano las mariposas que recomienzan el ciclo en el otoño siguiente. El incremento en los termómetros de estos últimos años ha permitido a esta especie colonizar nuevos territorios en altitud y latitud. Pero ¿es el clima el único responsable de esta expansión?

Al revisar el concepto de plaga, podemos ver que al clima se le suman otras condiciones que desencadenan la plaga. Se trata de características de la especie plaga, en este caso la oruga de la procesionaria, y de sus hospedadores, los pinares. Puesto que el clima escapa a nuestro control, los esfuerzos de gestión se deben dirigir a los hospedadores y la especie plaga. Tradicionalmente el control de plagas ha estado centrada en el ataque directo a la especie plaga. Con el tiempo, los métodos han evolucionado y se han diversificado (p.ej. insecticidas de origen biológico, suelta de depredadores o parásitos específicos, etc.) pero el énfasis sigue estando en medidas paliativas que implican el ataque directo a la plaga una vez que ésta ha ocurrido.

Pero, si nos fijamos una vez mas en los puntos de la definición de plaga, veremos que dos de ellos describen al hospedador potencial y sin embargo han sido ignorados en el control de plagas. Los pinares atacados por procesionaria cumplen esos requisitos, son pinares con una elevada densidad de árboles, y compuestos por individuos muy iguales, es decir con una susceptibilidad similar a ser atacados. Jose Antonio Hódar, autor de este artículo, propone una estrategia de prevención basada en el manejo del hábitat, que consiga bosques más diversos en estructura y composición de árboles, más resistentes no sólo frente a las plagas, sino a los diversos tipos de perturbación que se adivinan para los años venideros.

La gestión que se propone es muy similar a la que se hace en la agricultura ecológica: cuánto mas diverso es un cultivo, el ecosistema que se forma es más complejo y tiene mayor capacidad de respuesta frente a las perturbaciones. Los cultivos de una sola especie albergan menor diversidad de flora y fauna, tienen menor capacidad de respuesta, y se vuelven más dependientes de nuestros cuidados. Los pinares de repoblación son como extensos cultivos, pobres en especies, cuyo equilibrio es dependiente del hombre. La clave está en conseguir que estos pinares sean capaces de responder a las perturbaciones minimizando la intervención humana, con medidas drásticas como talar para clarear esos pinares, o intercalar otras especies en el pinar, conseguiríamos algo mas parecido a un bosque que a una plantación. Puede suponer una inversión inicial fuerte, pero a la larga reduciríamos la vigilancia y actuación periódica de control.

Jesús J.

http://revistaecosistemasblog.net/2012/12/21/en-cuestion-de-plagas-no-todo-es-el-clima/





¿CÓMO PUEDE UN METRO CUADRADO DE PRADERA CONTENER DECENAS DE ESPECIES DE PLANTAS?

ecoticias.com


Durante más de 50 años, las teorías ecológicas han predicho que el número de especies que pueden coexistir en un área determinada aumenta con la heterogeneidad de las condiciones ambientales en el hábitat.

¿Cómo puede un metro cuadrado de pradera contener decenas de especies de plantas? ¿Y qué factores determinan el número de especies que viven en un ecosistema?. La revista Science considera esta cuestión una de las 25 preguntas sin resolver más importantes de la ciencia, tanto por su importancia en la comprensión de la naturaleza como por el valor de los ecosistemas naturales para la humanidad. El valor de los bienes y servicios proporcionados por los ecosistemas naturales se estima que supera el PIB de nuestro planeta.
Durante más de 50 años, las teorías ecológicas han predicho que el número de especies que pueden coexistir en un área determinada aumenta con la heterogeneidad de las condiciones ambientales en el hábitat. Esta premisa fue examinada en un estudio llevado a cabo por los estudiantes Allouche Omri y Michael Kalyuzhny, guiados por el profesor Ronen Kadmon, del Instituto Alexander Silberman de Ciencias Biológicas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, en colaboración con el profesor Gregorio Moreno-Rueda y el profesor Manuel Pizarro de la Universidad de Granada.
Los investigadores afirman que en un entorno heterogéneo - donde hay muchos tipos diferentes de hábitats - hay menos recursos y menos adecuados de la zona disponible para cada especie, haciéndolos más vulnerables a la extinción local. Esto conduce a la hipótesis de que la heterogeneidad del hábitat excesivo puede en realidad reducir el número de especies.
Esta hipótesis fue examinada usando modelos matemáticos y análisis empíricos de los ecosistemas naturales. Sus predicciones fueron examinados con un meta-análisis de conjuntos de datos de decenas de especies vegetales y animales de todo el mundo diferentes localidades.
Tanto los resultados teóricos como los análisis de datos soportan la hipótesis de los investigadores de que la heterogeneidad del hábitat puede aumentar la tasa de extinción de especies y por lo tanto reducir el número de especies que habitan en el ecosistema.
Estos hallazgos son muy importantes para la conservación de la biodiversidad, ya que la práctica actual es la de conservar las áreas de máxima heterogeneidad del hábitat e incluso tomar medidas para aumentar la heterogeneidad del hábitat. El estudio demuestra que este enfoque convencional puede conducir a resultados negativos, especialmente en el caso de los paisajes de tamaño limitado, lo cual es típico de las reservas naturales.
Los ecosistemas y las especies que los componen se encuentran bajo una creciente presión de la actividad humana. En estas condiciones, el manejo hábil e inteligente de los paisajes naturales es vital. Este estudio proporciona a los científicos y los responsables políticos con ideas importantes para la selección y gestión de las áreas para la conservación.

Jesús J.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El cambio climático obliga a una revisión del modelo de gestión forestal


Catastrofista, futurista, alarmante, increíble… son adjetivos que caracterizan al género cinematográfico de ciencia ficción. Muchas de estas películas tratan de dar respuesta a los miedos que flotan en la sociedad, algunas previenen sobre la clonación o sobre el desarrollo de autómatas, o alertan sobre las consecuencias de nuestro ritmo de vida. La ciencia se suma al reto e investiga para generar predicciones. En ambos casos el cambio climático se encuentra bien representado, aunque en los últimos tiempos los científicos trasladan de género estas películas. El cambio climático deja de ser futuro y se convierte en presente. Algunas de sus consecuencias comenzamos a notarlas ya.

Se acepta que en el Mediterráneo el cambio climático supondrá una escalada en el termómetro y aumento de la aridez, pero también acarreará mayor variabilidad climática (episodios climáticos extremos). Partiendo de estas premisas los científicos construyen escenarios futuros de cambio climático y estudian los efectos que dicho fenómeno tendrá en la naturaleza. Del estudio de estos escenarios, extraen valiosa información que puede ser utilizada para la gestión de nuestros ecosistemas.

Científicos del CREAF (Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals, Barcelona), basándose en sus últimas investigaciones, resaltan el importante papel que tiene el manejo forestal actual en la prevención del cambio climático. Explican que el manejo, junto a otros factores como las características del suelo o las interacciones bióticas, pueden determinar la vulnerabilidad y capacidad de recuperación de un ecosistema (resiliencia). Ante escenarios futuros de episodios climáticos extremos, dichas cualidades son clave para asegurar la permanencia de los mismos. Por tanto tenemos que preparar y conservar nuestros bosques para que resistan estos envites.

Para realizar su estudio, los investigadores del CREAF trasladaron el escenario futuro a la realidad actual, y también estudiaron los efectos de periodos extremos de sequía sobre los ecosistemas forestales. Las investigaciones se llevaron a cabo en áreas de la Península que sufren de manera natural estos periodos de aridez. Estos episodios podrían generalizarse a otras zonas en el futuro como consecuencia del cambio climático.

Estos periodos de sequía extrema provocan el decaimiento de algunos individuos de la población. Pero no es un fenómeno generalizado, esta respuesta depende de la vulnerabilidad, cualidad dependiente de factores como la competencia, presencia de agentes patógenos, biodiversidad y profundidad del suelo, que modulan el impacto de las condiciones climáticas, provocando tanto la muerte de algunos árboles, como la resistencia de otros. Terminado el periodo de perturbación (la sequía en este caso), estos factores intervienen también en la capacidad de recuperación de un bosque, al igual que ocurre con un muelle cuando dejas de presionarlo, que recupera su estado inicial. El análisis de estos factores paliativos, puede ayudar a desarrollar nuevas estrategias de manejo y gestión forestal.


Efectos de un periodo de sequía extrema sobre un ecosistema forestal. Los efectos de la sequía provocan el decaimiento masivo de la población, pero la intensidad del efecto se ve influenciado por la vulnerabilidad de la población. Al cesar la etapa, el bosque puede recuperar su estadio anterior, esta capacidad es la resiliencia.

Ante las voces de alarma procedentes de estos estudios, queda patente que para afrontar las condiciones climáticas futuras debemos revisar las ideas actuales que gobiernan la gestión forestal. Francisco Lloret, investigador del centro y autor del artículo, señala al menos tres:

A la hora de establecer pautas de manejo, es menos incierto asumir condiciones de mayor aridez que las actuales. Las actuaciones presentes tendrán repercusión décadas después cuando las condiciones climáticas sean muy diferentes. Pero por lo general, las actuaciones forestales siguen basándose en la experiencia, asumiendo que las condiciones climáticas serán similares a las actuales, porque argumentan, las condiciones futuras son desconocidas.
Si el cambio climático traerá mayor variabilidad, necesitamos una forma de planificación que se adapte a esta nueva situación. Los planes deben incluir la capacidad de intervención a corto plazo, para actuaciones rápidas e imprevistas; pero también a largo plazo, para poder evaluar los propios planes, ya que la mayoría se abandonan al acabar el plan.
Se deben incluir actuaciones que vayan encaminadas a aumentar la resiliencia de los ecosistemas forestales. Por ejemplo, promover la diversidad, la presencia de determinadas especies, como la encina, que recupera su dosel verde después de defoliaciones masivas.
El cambio climático no se encuentra dentro del género cinematográfico, pero sin duda sus consecuencias van siendo evidentes y como sociedad tenemos la obligación de atender a las nuevas condiciones climáticas que se imponen. Es por tanto absolutamente necesario revisar y ajustar los modelos de gestión actual de nuestros bosques, para que acompañen a los ecosistemas en su transformación y favorecer su adaptación a las nuevas condiciones.

viernes, 7 de diciembre de 2012

UNA APROXIMACIÓN AL IMPACTO DE LAS REPOBLACIONES FORESTALES EN ANDALUCÍA OCCIDENTAL DURANTE EL SIGLO XX


    En la época de los romanos según algunos expertos los bosques quedaron reducidos al 50% de la superficie total peninsular e incluso ya había montañas desprovistas de bosques. El ganado también tenía gran importancia como moneda de cambio y se divulgo la necesidad de repoblar y sembrar, durante el reinado de Alfonso IX se castigaba a quien cortara la carrasca y se le atribuían grandes penas a quienes atentaran contra la masa arbolada. Se recogió el gran sentido ecológico de sus gentes y la valoración de los recursos del bosque mediterráneo ya que la gente vivía de los recursos del campo y la extracción de leñas constituyo un importante aprovechamiento de nuestros bosques.

    Los sistemas forestales andaluces de bosques y formaciones preforestales son los que han sufrido la acción humana, ya que es difícil encontrar estructuras de suelo que no hayan sido alteradas. Los encinares son formaciones boscosas, árboles duros que soportan la mayoría de los suelos y aguantan gran variedad de temperaturas por lo que tienen una gran amplitud ecológica y dan una mejor leña mientras que los alcornoques tienen un mejor grado de conservación y su distribución se desarrolla sobre estratos silíceos o sueltos y en suelos de clima termo y meso mediterráneo.

    A finales del siglo XIX se realizo un debate entre las especies de crecimiento lento y especies de crecimiento rápido y ya en 1877 se aprobó la LEY DE REPOBLACIÓN DE MONTES.Con respecto al asunto de las repoblaciones se denuncio el planteamiento selvícola a corto  plazo. Se necesitaba materia prima y el aprovechamiento de los conocimientos científicos de las especies exóticas. La ley supuso un cheque en blanco para las futuras actuaciones forestales.

    EL Plan de Repoblación Forestal Español consistió en sembrar eucalipto para hidrolizar dunas, todo sembrado con maquinaria pesada, esto dio lugar a muchos puestos de trabajo. Se sembró cerca de 4 millones de hectarias, y entre un 25 y un 35% de todo lo repoblado era de carácter productor con destino la producción de madera. Se tendió al monocultivo empleándose la misma especie y el mismo método de preparación del suelo. Esto trajo consigo una serie de impactos como:

.Destrucción de la vegetación
.Lluvias alta escorrentía
.Pérdida de nutrientes
.Competencia de los árboles por la luz, agua y nutrientes, además de provocar efectos alopáticos que impiden la germinación.    
                                                                                    
    En 1977 se sigue la ley de Fomento de la Producción Forestal que favoreció la repoblación con especies de crecimiento rápido y también se vio favorecido la emigración rural, al repoblar zonas de pastos e impedir el paso de los ganados. En 1989 se aprueba un Plan Forestal Andaluz: estrategia de la política forestal. La tercera adecuación del Plan Forestal Andaluz, planificada para 2008-2012 y que actualmente está en vigor.

domingo, 2 de diciembre de 2012

La grandeza de la montaña: Los pueblos de Picos de Europa

Como espectacular nexo natural entre las provincias de Asturias, Cantabria y León se yerguen los orgullosos Picos de Europa, cumbres que dan nombre al que fue el primer Parque Nacional de España. No en vano esta formación al norte la Cordillera Cantábrica es uno de los conjuntos de montaña más espectaculares de la península. Un impresionante macizo granítico que varía entre cotas cercanas al nivel de mar y picos que superan los 2.500 m.

En este magnífico entorno montañés, altas cumbres contrastan con profundos cañones, cincelados por los cauces de los ríos cantábricos, que descienden entre generosas masas de bosque atlántico. En realidad se trata de una vertical mole caliza rodeada por hayedos, robledales y pequeñas aldeas en sus valles. El parque está atravesado por cuatro corrientes con sus gargantas; el desfiladero de la Hermida, por el río Deva; el desfiladero de los Beyos, por el Sella; la "Garganta Divina" del Cares, y los desfiladeros de La India del Duje. Estos dos últimos dividen el espacio en tres macizos.

Los tres macizos de Picos

El más alto y escarpado es el Macizo Central, donde se encuentra la cota mayor, Torrecerredo, de 2.648 metros, junto a otras cumbres como Llambrión, Peña Vieja, Pico Tesorero o Naranjo de Bulnes. La mayor cima del Macizo Occidental es Peña Santa de Castilla con 2.596 metros. Este macizo es el más amplio y de relieves dóciles y alberga los Lagos de Covadonga en su zona norte. Por último, el Macizo Oriental es el más reducido y en él destaca la pared sudeste que se eleva sobre Liébana, así como los 2.444 metros de La Morra de Lechugales.

El primer Parque Nacional español une desniveles y exuberante naturalezaEstas abruptas tierras abarcan una superficie de 65 hectáreas en las que reina la humedad, la niebla y las precipitaciones. La nieve cubre sus montes en invierno aunque se pueden encontrar neveros permanentes.

Desde el punto de vista forestal, el Parque Nacional cuenta con algunos de los mejores bosques atlánticos del país, con abundancia de hayas, robles, avellanos, arces, castaños y nogales. Entre sus especies animales destacan jabalíes, corzos, lobos, gatos monteses, algunos osos, multitud de pequeñas aves y otras más sobresalientes como el urogallo o el águila real.

Pueblos y accesos

Los Picos de Europa abarcan municipios de tres provincias: Asturias, Cantabria y León. En Cantabria comprende los municipios de Camaleño, Cillorigo y Tresviso. En Asturias se extiende por Cangas de Onís, Onís, Cabrales, Amieva y Peñamellera Baja. Los municipios castellano-leoneses insertos en el parque son Oseja de Sajambre y Posada de Valdeón.

Un lugar perfecto para el turismo rural, el senderismo o las rutas a caballoPor ello hay varias entradas al parque; desde Asturias, por la AS-114, desde Cangas de Onís hasta el Macizo Occidental y desde Arenas de Cabrales en dirección a Poncebos; desde León, se puede tomar la carretera N-625 al Valle de Valdeón hasta Caín; desde Cantabria el acceso se realiza por la N-621, desde Potes llegando a Espinama y Fuente Dé.

Todas ellas sin excepción son localidades donde disfrutar del turismo rural y hospedarse para visitar el parque. Una opción ideal para quienes quieran realizar deportes al aire libre como el parapente o el barranquismo. También se pueden hacer rutas a caballo o practicar el senderismo a través de más de 30 rutas de pequeño recorrido y dos de gran recorrido. Entre ellos también hay itinerarios históricos como la Senda del Arcediano o la Ruta del Cares. Y es que la riqueza cultural también está presente en estos pueblos.

León: Valdeón
Al sur del parque, en la provincia de León, se encuentra el valle enclavado en la cara sur de los macizos occidental y central, por el que fluye el río Cares. Aquí se encuentran pueblos más discretos y escondidos como Caín de Valdeón, desde donde comienza la ruta del Cares, o la capital, Posada de Valdeón. La comarca es famosa por su queso y otros lácteos.

Asturias: Cangas de Onís
En la parte asturiana destaca Cangas de Onís, uno de los núcleos más turísticos del parque, la entrada más importante a este paraíso natural por su cercanía al santuario y los lagos de Covadonga. Supone asimismo el choque entre el pueblo y la ciudad, lo tradicional y lo moderno. Cada domingo se celebra su mercado, conocido por sus quesos. A la entrada de la garganta del Cares y del funicular que asciende al Naranjo de Bulnes se encuentra Arenas de Cabrales.

Cantabria: Comarca de Liébana
En la fronteriza comarca de Liébana se pueden visitar las iglesias de Santa María de Lebeña y Santa María de Piasca y el monasterio de Santo Toribio de Liébana. En Camaleño se puede ascender a través del teleférico de Fuente Dé hacia el Macizo Central o de Urrieles y deleitarse con las vertiginosas vistas de verdes pastizales. La cercana Potes es por su parte la ciudad más importante de la zona oriental del parque.

sábado, 1 de diciembre de 2012

LA SEQUÍA LLEVA AL LÍMITE EL SISTEMA HIDRÁULICO DE LOS BOSQUES DEL PLANETA


agenciasinc.es

Expertos del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales y de la Universidad Autónoma de Barcelona han participado en un estudio internacional que concluye que el estrés ambiental que supone el cambio climático está provocando que la mayoría de los árboles del planeta, tanto de bosques áridos como de bosques tropicales, estén utilizando su sistema vascular cerca de su umbral de seguridad. Esto les hace cada vez más susceptibles a los episodios de sequía ya que les podrían provocar embolias en su sistema circulatorio.



La vulnerabilidad a la sequía tendrá un papel importante para predecir si una especie desaparecerá debido a los cambios en el clima.

Cada día, los árboles de todo el mundo transportan miles de millones de litros de agua desde el suelo hacia la atmósfera. Este transporte tiene lugar mediante un sistema vascular muy complejo que se esconde bajo la corteza de los árboles y que depende de un mecanismo efectivo pero inestable, desafiado continuamente por el estrés ambiental.
Un nuevo estudio publicado en la revista Nature, con participación española, ha evidenciado que la mayoría de los árboles, incluso aquellos que viven en las selvas tropicales, están utilizando este sistema hidráulico muy cerca de su umbral de seguridad, lo que los hace vulnerables a un aumento en las condiciones de sequía.
"Uno de los principales problemas al que se enfrentan las plantas durante la sequía es el de mantener en funcionamiento las 'tuberías' de su sistema vascular. Esto es esencial para los árboles, ya que están obligados a transpirar cantidades muy grandes de agua cada día si quieren continuar absorbiendo el dióxido de carbono que necesitan para hacer la fotosíntesis y mantener su funcionamiento metabólico", asegura el estudio.
En el trabajo, liderado por la Universidad de Western Sydney (Australia) y la Universidad de Ulm en Alemania, han participado Jordi Martínez-Vilalta, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y Maurizio Mencuccini, investigador del Institución Catalán de Investigación y Estudios Avanzados del CREAF.

La sequía provoca embolias en el sistema circulatorio de los árboles.

El sistema vascular de los árboles conecta las raíces con las hojas y está formado por infinidad de tubos interconectados, similares a vasos sanguíneos. Esta red hidráulica puede romperse durante la sequía provocando una embolia gaseosa. Cuando el suelo se seca, el agua de dentro de los conductos está bajo una gran tensión.
Esta tensión puede provocar que se rompa el hilo continuo de agua que hay en su interior, lo que resulta en una obstrucción de aire similar a las embolias humanas, que pueden bloquear el sistema circulatorio. A medida que aumenta el estrés por sequía, el aire se acumula en el sistema hasta que la planta deja de poder transportar agua a las hojas, se deseca y muere.
La vulnerabilidad a estas embolias es uno de los factores principales que determina los efectos de la sequía en los árboles. Sin embargo, las plantas varían dramáticamente en su tolerancia a las embolias inducidas por sequía, lo que hace difícil predecir qué bosques pueden verse más afectados por un aumento en las condiciones de sequía.
En este estudio, un equipo internacional de 24 científicos expertos en plantas se reunió, a través de la ARC-NZ Research Network for Vegetation Function, para crear una base de datos global que incluyera todas las medidas existentes de resistencia a las embolias de especies forestales.

Tal y como se esperaba, los investigadores encontraron que las especies que crecen en los bosques húmedos son menos resistentes al embolismo que las que crecen en zonas áridas. Sin embargo, cuando la vulnerabilidad al embolismo se comparó con las condiciones de humedad típicas en las que están viviendo cada una de las especies, se comprobó que la mayoría de los árboles actualmente están ya operando muy cerca de su umbral de seguridad hidráulica.
El 70% de las 226 especies forestales estudiadas funcionan actualmente con unos márgenes de seguridad hidráulica estrechos ante unos niveles potencialmente letales de sequía. Hay, por tanto, una convergencia global a la vulnerabilidad de los bosques a sufrir un fallo hidráulico.
Es decir, independientemente de la precipitación que cae en los lugares donde viven, los bosques de los diferentes biomas de la Tierra son igualmente vulnerables a la sequía.
Según Jordi Martínez-Vilalta, Doctor en Ciencias Ambientales, "los resultados permiten entender por qué el deterioro de los bosques inducido por la sequía está pasando no sólo en las regiones áridas, sino también en los bosques húmedos, que normalmente no se consideran en riesgo de sufrir los efectos”.
Para los árboles, y para el conjunto del planeta, las consecuencias de sequías más prolongadas y temperaturas más altas son potencialmente graves. Sin embargo, se sabe que los bosques pueden responder al cambio climático de varias maneras.
Por ejemplo, algunas especies pueden evolucionar lo suficientemente rápido como para mantener el ritmo que supone la evolución del clima, mientras que otras especies migrarán a nuevos lugares donde haya mejores condiciones para sobrevivir. Este nuevo conjunto de datos será útil para predecir qué especies y qué sitios serán más propensos a sufrir los efectos de las sequías y, por tanto, podrían tener un mayor riesgo de desaparecer a medio plazo.

Referencia bibliográfica:

Choat B., S. Jansen, TJ Brodribb, H. Cochard, S. Delzon, R. Bhaskar, S. Bucci, TS Feild, SM Gleason, UG Hacke, AL Jacobsen, F. Lens, H. Maherali, Martínez-Vilalta J., Mayr S., M. Mencuccini, PJ Mitchell, A. Nardini, J. Pittermann, RB Pratt, JS Sperry, M. Westoby, IJ Wright, Zanné A. (2012) Global convergence in the vulnerability of forests to drought. Nature. doi: 10.1038/11688